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ÍNDICE

 

Prólogo del autor

1.         Yanovka

2.         Nuestros vecinos. Mis primeras letras

3.         Odessa: mi familia y la escuela

4.         Lecturas y primeros conflictos

5.         El campo y la ciudad

6.         El año crítico

7.         Primera organización revolucionaria

8.         Mis primeras cárceles

9.         Primera deportación

10.       Primera fuga

11.       Emigrado por primera vez

12.       El congreso del partido y la escisión

13.       Retorno a Rusia

14.       1905

15.       Proceso, destierro y fuga

16.       La segunda emigración y el socialismo alemán

17.       Preparando la nueva revolución

18.       Estalla la guerra

19.       París y Zimmerwald

20.       Expulsado de Francia

21.       De paso por España

22.       En Nueva York

23.       En el campo de concentración

24.       En Petrogrado

25.       Paréntesis sobre los calumniadores

26.       De julio a octubre

27.       La noche decisiva

28.       El ‘trotskismo’ en 1917

29.       En el poder

30.       En Moscú

31.       Negociaciones de Brest-Litovsk

32.       La paz

33.       Un mes en Sviask

34.       El tren

35.       La defensa de Petrogrado

36.       La oposición militar

37.       Desacuerdos sobre la estrategia bélica

38.       La transición a la NEP y mis relaciones con Lenin

39.       La enfermedad de Lenin

40.       Los epígonos conspiran

41.       Muerte de Lenin y desplazamiento del poder

42.       Última fase de la lucha dentro del partido

43.       El destierro

44.       Expulsado de Rusia

45.       El planeta sin visado

Epílogo del autor

Anexo: Testamento de León Trotsky

 

NOTA DE LOS EDITORES

El 20 de agosto de 1940, un agente de la GPU, la policía política estalinista, acababa con la vida de León Trotsky en su residencia mexicana de Coyoacán, cumpliendo así la amenaza de Stalin y culminando años de persecución ininterrumpida contra el revolucionario ruso.

La muerte de Trotsky significó un duro golpe para el movimiento comunista internacional y para las fuerzas del marxismo revolucionario que en aquel momento luchaban por defender el programa, los métodos y las tradiciones del auténtico leninismo. Tras años de hostigamiento, de fabricar la mayor farsa judicial de la historia con los juicios de Moscú, de liquidar a la vieja guardia bolchevique y asesinar a decenas de miles de los mejores cuadros del Partido Comunista de la Unión Soviética, Stalin acabó con el último de los dirigentes bolcheviques que mantenían un vínculo con la época heroica de la revolución de Octubre. La burocracia usurpadora y Stalin pensaban que de esta manera eliminaban al más peligroso de sus enemigos políticos y aseguraban la victoria sobre la tendencia leninista. Sin embargo, como Trotsky escribió, “las leyes de la historia son más fuertes que los aparatos burocráticos”.*

Una vida entregada a la causa del socialismo

Con motivo del 70º aniversario de su asesinato, la FUNDACIÓN FEDERICO ENGELS quiere rendir tributo a León Trotsky, a sus extraordinarias aportaciones teóricas al marxismo y, sobre todo, a su ejemplo de lucha infatigable contra la degeneración burocrática de la revolución rusa. León Trotsky consagró toda su vida a la causa del comunismo y la revolución socialista: como dirigente del sóviet de San Petersburgo en la revolución de 1905 y teórico de la revolución permanente; como internacionalista intransigente frente a la capitulación socialpatriota de la socialdemocracia; como compañero de armas de Lenin en la revolución de Octubre; como presidente del Comité Militar Revolucionario y organizador del Ejercito Rojo; como fundador de la Tercera Internacional...

Trotsky, junto con Lenin, fue el gran dirigente de la revolución rusa. El Octubre soviético de 1917 reveló al mundo el enorme potencial existente para poder dejar atrás definitivamente la explotación y la barbarie de la sociedad de clases. Sin embargo, para que el proletariado ruso pudiera derrotar a la burguesía y al imperialismo, y en consecuencia darle vida al primer Estado obrero en la historia de la humanidad, fue necesaria la existencia del vehículo adecuado, es decir, del partido bolchevique, el partido de Lenin y Trotsky. Sin el partido bolchevique, los trabajadores rusos no habrían podido coronar con éxito sus deseos de transformación social y la revolución de Octubre jamás habría triunfado.

Su compromiso con el socialismo le enfrentó constantemente a la represión y la hostilidad de la burguesía. Encarcelado por el Estado zarista en su juventud, juzgado y deportado a Siberia después de la revolución de 1905, expulsado de Francia durante la Primera Guerra Mundial por hacer propaganda antibélica e internacionalista... En aquella época pasó por las cárceles españolas antes de su estancia forzosa en EEUU y a los pocos meses nuevamente fue internado en un campo de prisioneros en Canadá, cuando regresaba a la Rusia revolucionaria de la primavera de 1917.

Calumnias

Si los ataques de la burguesía contra Trotsky no eran más que la expresión de la hostilidad general de los capitalistas contra el marxismo, la saña con que Trotsky fue perseguido, injuriado y finalmente asesinado por el estalinismo no tuvo precedentes en la historia. Para varias generaciones de comunistas influidas por las mentiras del estalinismo, Trotsky era el diablo: el colaborador del fascismo, el menchevique, cuando no un “loco ultraizquierdista” que hablaba de “revolución mundial” sin entender de “condiciones objetivas”.

Pero por más calumnias que el estalinismo vertió contra Trotsky, su pensamiento político, sus ideas, han superado la prueba de los acontecimientos. En los momentos más difíciles, cuando el estalinismo realizaba concienzudamente su tarea, la continuidad de la bandera del marxismo, de sus tradiciones revolucionarias y democráticas, pudo ser transmitida. En las condiciones más adversas, León Trotsky defendió el programa marxista, luchando contra aquellos que lo habían prostituido y transformado en una caricatura grotesca. Analizó, desde un punto de vista materialista, la naturaleza social y política del estalinismo y previó su desenlace final.

En una de sus grandes obras, La revolución traicionada, escrita en 1936, Trotsky explicó que la pervivencia del régimen estalinista constituía una amenaza mortal para las conquistas de Octubre. Hace veinte años que los regímenes estalinistas de la URSS y Europa del Este colapsaron; los herederos políticos de la vieja burocracia se transformaron en la nueva clase capitalista. Los burócratas de Rusia, Polonia, Hungría, Checoslovaquia y otros países, que habían hecho carrera política en los partidos comunistas oficiales, apoyaron las privatizaciones y saquearon la propiedad estatal, y, apoyándose en su control del viejo aparato del Estado, se pasaron con armas y bagajes al campo del imperialismo y el capitalismo, demostrando así que esos partidos no tenían nada de comunistas. Con esa vergonzosa deserción, los dirigentes estalinistas permitieron a la burguesía mundial lanzar una campaña furiosa contra las ideas del socialismo y del marxismo, creando las condiciones materiales para el resurgimiento de la antigua sociedad, con todas sus lacras de desempleo masivo, opresión nacional, oscurantismo religioso y pobreza para la mayoría de la sociedad.

En defensa del marxismo

León Trotsky mantuvo la continuidad del programa marxista, del internacionalismo y de la política de independencia de clase. Hoy se presenta como un gigante para toda una generación de marxistas que buscan una explicación consecuente al derrumbe del llamado “socialismo real” y a la actual crisis de la sociedad capitalista, sacudida hasta sus cimientos desde que la recesión económica mundial estallara hace dos años y medio. Por eso no es extraño que la obra de Trotsky encuentre cada vez más audiencia entre los militantes revolucionarios de todo el mundo, especialmente entre aquellos que siguen manteniendo su compromiso con la lucha por el socialismo.

Para la Fundación Federico Engels, la obra de León Trotsky representa, junto a la de Marx, Engels, Lenin y Rosa Luxemburgo, un pilar del pensamiento marxista y de la lucha del proletariado internacional por el socialismo. Por ello, y como homenaje a este gran teórico del socialismo científico, a este revolucionario irreductible, la Fundación Federico Engels publica Mi vida, su autobiografía, en una cuidada edición.

*     *     *

El presente libro ve la luz gracias al entusiasmo y la colaboración de nuestros compañeros de la Fundación Federico Engels de México, Venezuela y Colombia, y al inestimable apoyo del Museo Casa de León Trotsky, de México.

Queremos agradecer a Olivia Gall, directora del Museo Casa de León Trotsky, su apoyo a este proyecto y su contribución al mismo a través del prefacio inédito que aquí publicamos, del que es autora. Esta visión de las relaciones entre Trotsky y el general Francisco Múgica en suelo mexicano durante la presidencia de Lázaro Cárdenas, y del papel jugado por un conjunto de personas para que México acogiese al revolucionario ruso cuando el mundo se había transformado en un planeta sin visado para él, será de gran interés para los lectores.

En cuanto al texto en sí, un clásico ya de la literatura marxista, no es sólo un retrato biográfico; es un ensayo profundo sobre la táctica y la estrategia marxistas, escrito en un lenguaje vibrante y directo.

Además, hemos querido enriquecer nuestra edición añadiéndole dos textos. Uno es el epílogo que Trotsky escribió en 1933 para una edición abreviada de Mi vida, que, hasta donde sabemos, no está incluido en ninguna edición anterior de esta obra en castellano; lo hemos tomado del Marxists Internet Archive en francés. El segundo es el testamento político de Trotsky. Estamos seguros de que ambos resultarán del interés de los lectores.

También hemos añadido numerosa información complementaria, que está en dos formatos: notas a pie de página (para hechos o nombres cuyo significado no se deduce meramente de la lectura del texto) y un glosario final con los principales acontecimientos históricos, personajes, publicaciones y términos a los que Trotsky alude. Esperamos que esta información complementaria facilite al lector la comprensión de la obra. En las notas que se deben a Trotsky, hacemos constar su autoría.

Asimismo, hemos procedido a modificar los nombres y topónimos rusos conforme a la transcripción moderna, que es la que venimos utilizando en nuestras ediciones desde hace más de diez años. La única excepción fue la localidad de Sviask (en la actualidad, Sviyazhsk) porque, dado que es el título de uno de los capítulos, hemos optado por mantener la transcripción usada en las ediciones anteriores.

Esta gran obra no dejará indiferente a sus lectores y contribuirá a un conocimiento más real y riguroso de la figura de León Trotsky.

Julio de 2010

 


* Trotsky, El programa de transición, p. 30. FUNDACIÓN FEDERICO ENGELS.

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