El estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 supuso un punto de inflexión histórico para el movimiento obrero y la socialdemocracia. Las resoluciones, artículos y pronunciamientos contra la guerra aprobados por la Segunda Internacional y la inmensa mayoría de los partidos que la integraban, se convirtieron en papel mojado. El internacionalismo proletario, en el momento más crítico, fue reemplazado por el socialchovinismo, el patrioterismo y la colaboración de clases.
Durante años, la Internacional había señalado como un crimen político que los obreros de Alemania, Francia, Gran Bretaña, Rusia… se enfrentaran en las trincheras para favorecer los negocios de los capitalistas de sus respectivos países. Estas ideas, que habían quedado inscritas en numerosos materiales, como el Manifiesto contra la guerra imperialista redactado por Lenin y Rosa Luxemburgo en el Congreso de Stuttgart de 1907, dejaron paso a la capitulación más abyecta.